Un mango descortés pendía por la ventana, se asomaba entre el resplandor limeño, sudoroso. Ya estaba maduro, rechinando con sus moretones de febrero. Estaba enamorado. Pero era mango sin mango, con plátano, y melón a su costado, así como cuando uno se enamora de su antípoda. Ya el hedor irresistible se fungía entre la pecosidad […]