Nadie espera súbitamente un viento helado, simplemente se da.

Inoportunamente, yacemos postrados con fragileza esperandola, esperándonos.

Con emoción volvemos a casa, después de admirar el horizonte en un parque repleto.

Nos encontramos.

Tendimos ese viento como un arbusto que se deja desbalancear entre tantas emociones desbordadas. 

Conocimos nuestros retazos del pasado sin esperar nada, tal cual rompecabezas, nos descolocamos para volver a construir lo que se nos desbordó en el giro interplaneaterio de lo que por supuesto nunca pudo acaecer entre nuestras manos ni en el destino.

Ahí también sentí tu sonrisa, tu sonrisa profunda, aún en la oscuridad de ese restaurante, esa conexión ecuánime como dos faros acercándose frente al mar, desconocido, silencioso pero de una historia vasta.

Poco tiempo tal vez de una eternidad cósmica que siempre lo tuvimos.

Dos sonrisas, un abrazo y una mirada que la llevo entre sueños súbitos.

Y así como adentrarse en el mar, las palabras que se sumergen en nuestra mente, que se aproximan a nuestro ser y se subliman si más ya.

Te llevo dentro.

Dentro de esta galaxia,

Dentro de ti.

De mi.

 

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