Solíamos caminar por la calle 3-40, una calle estrecha, donde si íbamos de prisa, así como el amor que nos teníamos tal vez, un poco desbordante, uno de los dos iba a terminar cediendo en el asfalto ardiente. Así que tratábamos de permutar la serenidad desde los pies hasta las manos. Del ombligo hacia arriba, […]